Los propios datos de la Administración asturiana cuestionan que matar lobos sea una herramienta eficaz para reducir los daños a la ganadería.
La Nueva España se hace eco del análisis realizado por ASCEL sobre dos décadas de controles de lobo en Asturias.
El Principado de Asturias lleva más de veinte años recurriendo a la eliminación de lobos con el supuesto objetivo de reducir los daños sobre la ganadería extensiva. Sin embargo, cuando se observa la evolución conjunta de lobos muertos frente a reses afectadas, la conclusión es la opuesta: matar lobos aumenta los ataques.

En ASCEL hemos reconstruido la evolución de ambos parámetros a partir de los datos proporcionados por la propia Administración asturiana. El resultado es claro: los años en los que se producen importantes extracciones de lobos no van acompañados de una reducción posterior de los daños. En varios de los episodios más extremos sucede precisamente lo contrario.
2013: uno de los mayores controles y más daños al año siguiente
Después de uno de los mayores episodios de eliminación de lobos registrados en Asturias, los daños aumentaron un 11 %
Para entender el efecto, debemos comparar los lobos muertos en un año (2013) con los ataques al año siguiente (2014), cuando se ve el efecto de esas muertes. El caso de 2013 resulta especialmente ilustrativo. Ese año se abatieron 36 lobos, sobre una población estimada entonces en 256 ejemplares. Es decir, se eliminó aproximadamente un 14 % de la población estimada. ¿Se redujeron los daños? No. En 2013 se contabilizaron 4.106 reses afectadas y en 2014 la cifra aumentó hasta 4.556. Es decir, después de uno de los mayores episodios de eliminación de lobos registrados en Asturias, los daños aumentaron un 11 % aproximadamente.
La respuesta del Principado fue volver a matar lobos: en 2014 se eliminaron otros 27 ejemplares. En 2015 se registraron todavía 4.190 reses afectadas.
El episodio más reciente vuelve a repetir el patrón
La historia se repite veinte años después: en 2024 44 lobos muertos y un 19,5% más de ataques en 2025
La historia se repite veinte años después. En 2024, Asturias registró 3.257 reses afectadas. El programa de control 2025-2026 contemplaba la posibilidad de matar hasta 53 lobos. Finalmente, los agentes del Principado abatieron 31, mientras otros 13 ejemplares murieron por diferentes causas. ¿El resultado en 2025? 3.893 reses afectadas. Un incremento del 19,5 % respecto al año anterior.
En 2026-2027, con estos datos: siguen aumentando la presión sobre la especie matando 67 lobos, un 26,4 % más que el cupo anterior
La pregunta es inevitable: Si matar lobos no reduce los daños y, tras las extracciones, los daños aumentan, ¿por qué la solución sigue siendo matar más lobos?
Proteger al lobo no aumentó los ataques
Los datos son del propio Principado: tras la protección, los daños no aumentaron; por conta, entre 2021 y 2024 las reses afectadas se mantuvieron en niveles inferiores a los registrados en buena parte de los años anteriores
Tampoco puede atribuirse el aumento de los daños a la protección del lobo. La inclusión del lobo en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE) en 2021 no provocó un incremento de los ataques al ganado. Los datos del propio Principado muestran que, tras la entrada en vigor de esta protección, los daños no aumentaron como consecuencia de ella; de hecho, entre 2021 y 2024 las reses afectadas se mantuvieron en niveles inferiores a los registrados en buena parte de los años anteriores. Por tanto, utilizar la protección legal del lobo como explicación del aumento de los daños supone confundir una coincidencia temporal con una relación causal. La protección del lobo no creó el conflicto: las cifras demuestran que los daños ya existían antes y que su evolución no responde a que la especie esté protegida.
En las áreas sin gestión específica es aún más claro
El programa contemplaba matar 11 lobos en esas zonas, pero los agentes llegaron a abatir 20. Después de esa intensa intervención los daños no disminuyeron. Se multiplicaron.
El caso de las áreas sin gestión específica es todavía más contundente. Hay un dato especialmente revelador: en las denominadas áreas sin gestión específica, los daños pasaron de 272 reses en 2024 a 1.006 en 2025: un incremento del 269,9 %. El programa anterior contemplaba matar 11 lobos en esas zonas, pero los agentes llegaron a abatir 20, además de producirse la muerte de otro ejemplar por otras causas. Después de esa intensa intervención, los daños no disminuyeron. Se multiplicaron. Y, nuevamente, la respuesta del Principado consiste en incrementar el número de lobos que pueden ser eliminados: hasta 18 ejemplares en el nuevo programa.
No es contar lobos: importa cómo se estructura la manada
Existe además una cuestión biológica que no puede ignorarse: El lobo es un animal eminentemente social. Los grupos familiares no son una simple suma de individuos independientes. Están estructurados alrededor de adultos reproductores y de relaciones sociales que determinan cómo se organiza la reproducción, el desplazamiento y la obtención de alimento.
Por eso, eliminar individuos de una manada no equivale simplemente a restar lobos de una población. La muerte de ejemplares reproductores o de individuos que desempeñan funciones relevantes dentro del grupo puede alterar su estructura y comportamiento.
La evidencia científica que recogemos señala que esta desestructuración favorece que individuos jóvenes o grupos fragmentados recurran con mayor facilidad a presas domésticas vulnerables.
El Principado mata lobos para tener más daños
Después de veinte años de controles, continuar con las muertes es repetir una medida cuya eficacia se ha demostrado nula.
Es una paradoja que las políticas de control parecen ignorar: se mata para reducir los daños, pero matar altera la organización social de los grupos familiares de lobo y termina favoreciendo el conflicto que se pretendía evitar.
Asturias lleva décadas repitiendo el mismo experimento. Los datos históricos no muestran una relación del tipo: más lobos muertos, menos ataques. Por el contrario, muestran repetidamente que: más lobos muertos no significa menos ataques sino que, en determinados episodios, más lobos muertos, más daños.
La alternativa existe: prevención y manejo del ganado.











